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De forma discreta, pero con personajes clave de la iniciativa privada estadounidense, el magnate mexicano Germán Larrea está cabildeando para que la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) no afecte el transporte ferroviario de mercancías entre México y Estados Unidos, sino que al contrario, se agilicen los cruces fronterizos y se refuerce la seguridad.

El presidente del Grupo México, dicen sus conocidos, decidió irse a vivir a Estados Unidos por cuestiones familiares y de negocios. Divide su vida entre Chicago, Nueva York, Miami y México, a donde sigue viajando frecuentemente para atender los asuntos relevantes de sus empresas y reuniones de alto nivel. En el país que preside Donald Trump se ha asociado con fondos de inversión y está relacionado con negocios de bienes raíces. La carta de presentación que le da ser el tercer hombre más rico de México y poseer la tercer productora de cobre del mundo le ha abierto las puertas de los círculos de negocios y así es como ha ido cabildeando a su favor.

A finales de marzo pasado, el multimillonario mexicano realizó una de sus mayores adquisiciones en los últimos años: la del Florida East Coast Railway, el operador regional de trenes más grande de Estados Unidos, por el cual pagó 2 mil 100 millones de dólares.

A través de su negocio ferroviario, encabezado por Ferromex, Larrea tiene de socio a Union Pacific, la ferroviaria con la red más extensa de Estados Unidos, la cual posee 26% de la firma mexicana. El otro socio de Larrea es Carlos Slim a través de Grupo Carso-Sinca Inbursa, que es dueño de 18.5% de la compañía ferroviaria.

Union Pacific, por ejemplo, genera 40% de su volumen a través del comercio internacional, del cual cerca de 15% pasa por la frontera con México, mientras que Ferromex, el operador ferroviario más grande y de mayor cobertura en México, conecta en cinco puntos fronterizos con Estados Unidos, su principal cruce de entrada y salida de mercancías.

Ferromex está en vísperas de realizar una colocación de acciones en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), con la cual pretende levantar cerca de 23 mil 500 millones de pesos (unos mil 227 millones de dólares).

Parte del capital que recaude será para cubrir el costo de la compra de Florida East Coast Railway y quizá para próximas adquisiciones fuera de México, pues aquí la Comisión Federal de Competencia Económica, a cargo de Alejandra Palacios, los tiene en la mira pues considera que hay una concentración del mercado, dominado por Ferromex, Ferrosur (propiedad de Grupo México) y Kansas City Southern México, otra de las empresas que podría ser afectada si se cancela el TLCAN o se restringe el comercio bilateral.

Ferromex lleva casi tres años intentando lanzar su Oferta Pública Inicial (OPI) de acciones, pero ha tenido que posponerla por el entorno de volatilidad o porque durante sus road shows los inversionistas no han mostrado suficiente interés por comprar sus títulos al valor que la administración considera justo.

Los analistas creen que pese a que su holding, Grupo México, cotiza en la Bolsa a un descuento de 34% respecto de sus pares, dicho descuento está inflado por su subsidiaria Southern Copper, el cual cotiza por arriba de los estimados del mercado.

La casa de bolsa de Citibanamex expuso que no consideran que la posible OPI de Ferromex sea un catalizador para el Grupo México, del cual Valentín Diez Morodo y Claudio X. González otros empresarios mexicanos que cabildean en EU la renegociación del TLCAN– son consejeros.

“Los múltiplos (de Ferromex) no han mejorado desde 2015 (cuando intentó por primera vez salir a Bolsa)”, apuntaron los analistas.

Llama la atención que Germán Larrea haya decidido llevar a cotizar a Ferromex en un momento de incertidumbre para México, sobre todo por la fragilidad de las negociaciones del TLCAN.

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